Mensaje en una pantalla

Dheli
Estoy en Dheli y me acordé de ti

Me gusta cuando suena “plin” y sé que es tuyo.

Me gusta cuando vienes así.

También suena un “tin” y un “gloup” que siempre traen cosas bonitas, pero no a ti.

Porque lo que más me gusta es cuando viene de ti.

Bueno, me gustaba. Porque ya no suena. Y por mucho que mire, sigue igual: nada.

Podria ser que un día volviera a sonar, podría ser.

Pero ya no tuyo.

F(l)in

 

Aquí

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Lugares a los que nunca querría haber llegado. Lugares que nunca querría dejar. Estar donde no quiero. Marchar de donde me quiero quedar. Imaginar que vuelvo a ese sitio mágico. No poder salir de la cama. Quedarme sola porque todos se van. Abandonarme allí o más allá. Meter la cabeza debajo del agua. Bares qué lugares tan gratos para conversar (mundo viejuno, Gabinete Caligari). Quedarme bajo la palmera. Decidir que este es el lugar en el que me suelto la melena.  Aquí y ahora, a la moda, una vez más.

Gabinete Caligari

La ausencia paulatina de tu interés por mí, la falta progresiva de tus ‘buenos días’, la elección egoísta de tu lejanía, fueron los que determinaron que no hiciera falta viajar a Macondo; bastaba besar tus labios para sentir… Cien años de Soledad.
Gabriel García Márquez

Sergio nos hizo este falso selfie Polaroid
Sergio nos hizo este falso selfie Polaroid

Estoy aburrida de la historia de Rosa y Ramón.
En realidad bastante. Bueno, más: soberanamente. Quiero darle fin desde hace ya un tiempo pero nunca encuentro el momento (como con todas las cosas no apetecibles).
Pretendía una historia de amor sin contemplaciones, pero conforme pasaba de la intro al desenlace…ví que era muy difícil hablar de esta calidad de amor en la historia de Rosa y Ramón. El universo de Rosa se me antoja más cercano, por mujer, porque tiene muchas cosas mías. Pero el de Ramón…cada vez se vuelve más hostil, no por hombre, sino por el personaje que representa.
Y no me apetecía hablar en esta historia del tipo de amor que parte del propio ombligo y llega hasta tres metros más allá de uno mismo. No me apetecía hablar de desprecio, ni de caprichos, ni de terrorismo emocional.
No.
Yo quería hablar del amor universal y por encima de todo. Pero en esta historia estaba abocado a desaparecer desde el principio. Y yo como como buena romántica me empeñé en construir amor.
La historia en realidad es bonita, tremenda. Rosa se enamoró, nunca sabré si fue porque vio a Ramón tan de cerca que nunca más pudo dejar de quererle. O porque era una historia tan difícil que la propia inercia le empujaba hacia adelante. Ramón estaba tan atormentado que sólo veía fantasmas donde no había más que una historia que no quiso continuar desde mucho tiempo antes de que acabase.
Rosa y Ramón han sido durante mucho tiempo dos personajes entrañables. Por muchas razones, y además porque son los responsables de este blog que me está dando tantas alegrías. Y porque los dos quisieron amarse, los dos son buena gente y los dos hicieron lo que pudieron.
Quizás esta historia continue en otro momento, pero solo quizás.
En estos días he cumplido 40 años y los he recibido con una extraña inmensa alegría. Me he hecho muchos regalos, pero sin duda, lo mejor que me he regalado ha sido este blog y dejar aquí el fin de esta historia me conmueve. Profundamente. Rosa, Ramón y tú que me estás leyendo.
Fin.

Luna de miel

(…) Me gustaría ser otra persona
y
tener
nostalgia de mí mismo.

Alberto Pelegrín. Lacustre (petit poème d’espoir)
Robert and Shana ParkeHarrison. Suspensión
Robert and Shana ParkeHarrison. Suspensión

Al día siguiente todo era nube, de nebulosa.
Rosa no entendía bien lo que había pasado. O sí, lo entendía, pero no sabía como encajarlo. Resulta que aquel señor…se le antojaba ahora como un hombre atractivo, alto, de hombros rectos y redondeados: de esos que indican en un cuerpo que durante mucho tiempo atrás se ha llevado bien con el deporte. Mirada profunda e infinitamente serena. Profundo y sereno sí, e inteligente y muy divertido, de ese tipo de gente con la que merece la pena estar. Pero claro, había pasado toda la noche después del concierto con el cantante…pero, eso era normal? Sí, ella era una persona normal con lo que pensó que debía de ser normal. Claro, normal. Decidió que iba a ser normal… o no lo era?
No lo tenía muy claro… estaba un poco cansada de hombres. Acababa de tener dos novios (o al menos, así le gustaba llamarles a ella) Uno el de París y el otro el Polaco. El de París tenía ese nombre porque es allí donde Rosa terminó la relación. El Polaco le invitó a conocer Polonia durante una semana maravillosa que concluyó igualmente con el fin de la historia. También había tenido un no-novio: el Extremeño. Con el que vivió una intensa relación sin llegar ni tan siquiera a besarse. Así que Rosa no se veía muy por la labor de comenzar una tercera o cuarta relación por entonces con el hombre del micrófono.
Lo conocía, pero no lo conocía. Lo había conocido esa noche pero ya lo conocía de antes, pero era lo mismo? No, en realidad no lo conocía de nada. Ni él a ella.
Pero claro mientras duró, era lo mejor que le podía pasar.
Se despertó, con una resaca abominable….tanto baile y tanto Jagger no podía acabar de otra manera. Y pensó en una de sus firmes convicciones: “ de los bares, no puede salir nada bueno”
Sonó el teléfono, llegaba un mensaje de Ramón que ya estaba en otra ciudad diferente. Intercambiaron impresiones. Rosa se dio cuenta de que había hablado demasiado y de que no recordaba la mayoría de las confesiones a media noche. Horror.
Siguieron los mensajes, luego vinieron las redes sociales.
Aquellos mensajes eran pura miel para Rosa. Le evadían de todo lo que quería evadirse, incluso de ella misma. Excepto de aquello. Sabía tan dulce que anulaba el resto de los sentidos. Estaba empezando la época dorada de Rosa y Ramón.
Pronto llegaron las canciones a media noche, las conversaciones hasta altas horas de la madrugada, las buenas noches, los buenos días, el ¿estás bien?, las palabras bonitas, las fotografías, las buenas intenciones, los planes, el a mí no me gusta follar yo solo hago el amor, el voy a buscar un trabajo ceca de donde tú vives…. Rosa pensó que aquello se precipitaba demasiado y decidió frenar un poco. Pero mientras tanto Ramón le cantaba por el teléfono a la hora de dormir. Los dos querían gustarse el uno al otro. Tenían un deseo irrefrenable de comunicarse, de conocerse tal y como ellos creían que eran.
Ramón fue a buscarla, en unos días volvió a viajar a la ciudad donde se habían conocido. Allí se plantó. Cuando abrió la puerta Rosa encontró a un muchacho con una guitarra a su espalda y ojos brillantes. Un hombre inyectado en ilusión. Le pareció que aquella estampa era de lo más bonito que había visto en mucho tiempo.
Cuando se fue Ramón dejó una carta en la mesilla que decía: ojalá.
Fue la primera y última carta. Nunca hubo más cartas. Sí continuó la poesía…unos días más…dos meses quizás.
La poesía, las palabras.

La luz.
Las palabras son bonitas, te hacen soñar y creer en ellas y en el que las dice. Son palabras. Nada más. Las palabras nos despistan de la realidad, de lo que realmente está pasando, lo disfrazan todo.
Pero en aquel tiempo las palabras llenaban el corazón.
Poco a poco Rosa fue pasando del ponle freno al ojalá.

Lo típico: un pueblo con mar, una noche, después de un concierto

Ten cuidado con lo que deseas…

El beso

Ella lo adoraba. Nunca pierde demasiado tiempo en temas musicales, pero con Ramón, se había tomado la molestia de leer algunas entrevistas, y hacer una pequeña búsqueda para saber que sí era él . Era él quien escribió aquellas letras que le habían hecho vibrar como ninguna. Una vez dijo que si le gustara lo seguiría a todas partes. Sin saber ni de lejos entonces que en unos meses sería así. Nunca pensó que podría gustarle. Le parecía un señor grande con pinta de pescador y voz desgarradora que escribía letras bonitas. Sin más.

Fue un viernes de finales de septiembre. Uno de esos días en los que hay que vencer la pereza para no quedarse en la cama con un libro al más puro estilo Elena Torralba. A pesar del frío y del día aburrido…decidieron ir al concierto. Había poca gente, lo vieron más delgado que la última vez. Fueron felices durante el tiempo que duró la música. Cuando te gusta este señor te gusta hasta cuando se equivoca.

Cuando terminó el concierto se quedaron tomando una copa. Rosa quiso comprar un disco y él se acercó. No fue como con el Príncipe, Ramón es encantador, de hecho: ella se quedó encantada. Le dió la tarjeta que había preparado y la devolución fue enorme. Tan grande como él. Sin saber cómo se encontró con aquel señor de las canciones románticas contándole su última historia de amor. Rosa siempre ha tenido debilidad por el corazón y los afectos, y el relato de ese hombre superaba cualquiera de sus propios temas. Debió de ser tremendo, incluso contó que se fue a vivir a otra ciudad para estar lejos de ella. A Lisboa, por ese tiempo vivía en Lisboa.

Hablaron sin parar, se convirtieron en confidentes. Siguieron hablando. Cantaron, bailaron, bebieron, rieron. Incluso cayó alguna foto. Hasta que él la besó. Todo se volvió ternura alrededor. Y se fueron juntos, de la mano, como dos enamorados.

Eran los días de Brenda: “Cuando alguien llegue a tu vida dale la bienvenida. Y cuando se vaya déjale marchar”

Ellos estaban de bienvenida.

Dicen que cuando él la vio

por primera vez

sonaba esta canción

 

Siempre hay un principio

Mi último amor duró una noche
¡Fuimos tan felices!
¡Nos quisimos tanto!

Vicky de Sus “Tengo la casa llena de hombres

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Supongo que le debió parecer exótica. No por serlo, sino por lo diferentes que eran.
Porque al principio ella le gustó. Sí. Él dijo al día siguiente de conocerla haberse enamorado para una noche o para toda la vida…. Hacía mucho tiempo que no se sentía así, creía que nunca más podría volver a emocionarse por una mujer, y estaba deslumbrado ante semejante descubrimiento.
Así que fue a buscarla.

Ramón, se llama así, con erre, como Rosa.

La R fue una contribución mágica a la idea de Rosa de que Ramón iba a ser su segundo gran amor. Con R como ella y como su primer gran amor. Lo que no sabía entonces es que Ramón le iba a dar la gran lección de desamor de su vida. Quizás era eso lo que indicaba la R: que el desamor iba a ser igual de grande que el mayor de sus amores. El antiamor. Erre de Rosa, erre de amoR y erre de desamorR. Tres.

El día que ella lo conoció no pensó que lo iba a conocer. O al menos tanto. O de esa manera. Se llevó por si acaso una pequeña ilustración con la letra de una de sus canciones; si le apetecía se la daría pero no sabía si lo iba hacer o no. Como aquella vez que saludó al Rey, cuando era Príncipe de Asturias….y fue tan soso y le pareció tan sinsentido el encuentro, que se limitó a darle la mano y no felicitarle por el nacimiento de Leonor como tenía pensado.

Ramón canta. Y escribe unas letras que no parecen de este tiempo donde el amor romántico es difícil en más ocasiones de las que me gustaría. Fue a ver uno de sus conciertos. Rosa no es mucho de mitos, pero esa voz entró en sus días para convertirse en la banda sonora de su vida durante una muy larga temporada.

El efecto Brenda Shoshanna

la montaña roja y el mar
Queremos tanto a esta montaña

De cómo la vida plantea certezas que acaban esfumándose.

De cómo el enamoramiento aparece en la extraña forma que se le antoja.

De cómo me enteré de que estaba viviendo amor en un imaginario que sólo estaba en mi cabeza.

De cómo me pasé un año entero y parte del otro haciendo sesiones de coach con Ventura, preparando las ilustraciones de Signore con Alberto y Vicky, yendo al Médano a estudiar… y al volante en mis vacaciones, una y otra vez, camino a… un paraje perdido de la geografía española que llamaré de ahora en adelante Ese Lugar.

De cómo me empeñé en buscar y rascar como en esos boletos de avión de bajo coste donde nunca encuentras nada.