¿Dónde se mete la chica del diecisiete?

Un día vi a Julia de Castro, en un espectáculo entretenido de canción italiana, copla y jazz. Me cayó bien. Me recordó a mis vecinas, también tengo vecinos pero ellos no se pronuncian y por eso no me acordé tanto de ellos.
Desde este enero vivo en un piso del edificio más parecido a la 13 Rue del Percebe que conozco. Está enlazado con otro dejando en medio un bonito patio interior en el que todos salimos a tender de vez en cuando.
Por lo visto ese patio es de lo mejorcito.
Todos y todas me hicieron una buena acogida que se ha alargado hasta hoy. Después de tantos años viendo las mismas caras entre ellos les debí parecer lo más.
Son muy majos, el vecino de abajo se alegró de que viniera porque así no gastaría más en calefacción. Y la señora viuda que vive enfrente se enterneció por mi condición de soltera y me ofreció su ayuda para siempre. La de arriba me dijo que el piso donde vivo pertenecía a su marido pero que no lo heredó no recuerdo bien por qué; no me guarda rencor, solo tiende ropa sin centrifugar encima de la mía seca obligándome a recogerla el día después (tiene la deferencia de no usar lejía). Luego está el supervecino, el que todos deberíamos tener, al que llamo a las diez de la noche porque me gotea un radiador y me dice que tranquila, que no se me va a inundar la casa, que ponga un cubo y al día siguiente ya vendrá el fontanero. También tengo el vecino ausente. Y la vecina bella intelectual que vive entre libros y me invita de vez en cuando. Luego está mi vecina de enfrente que pasa a contarme sus dolencias en un descuido pero luego tiene su punto y también me regala flores. Y me avisa. Luego hay otra vecina más y un piso vacío.
La vecina avisadora llamó un día a mi puerta. Cuando la abrí me dijo tal cual: “Miga (tiene acento francés) he salido a tendeg y he visto tu ducha. Y oyé se ve todó. A mí de da igual pego lo digo paga que lo sepas”
Flipé. Bueno flipamos, estaba con dos amigos. Nos dio la risa, a mí más porque yo ese día no había entrado en la ducha todavía. Cuando ví aquella ventana por primera vez sólo pensé en las plantas que pondría en el baño. Deduje que aquel día el cristal translúcido no había funcionado porque estaba la luz del baño encendida.
A los meses volvió a llamar. Esta vez tenía un mensaje más largo: “Vegas, la vecina del bloque de enfgente no te conoce y quiegue que te diga que te ve cuando te duchas. A ella le da igual pego paga que lo sepas” Toma castaña!
Así que desde entonces, bajo la persiana cuando entro en la ducha.
Un tiempo después otra vecina me contó lo mucho que yo madrugo. Que me ve cuando se desvela y sale a mirar las estrellas (eso dijo).
Vamos que ese patio debe estar todo el día a cortina batiente.
Así cuando oí cantar a Julia lo que decían las vecinas de la chica del diecisiete, no pude evitar acordarme de las mías.

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