Bajo control

Helmut Newton
Helmut Newton

Pienso lo que soy, sé lo que hago. Escribo mi historia con mayúsculas, lo que entiendo de la realidad, lo que creo, lo que pienso. Hago de mí mi propia historia. Pienso, hablo, escribo, palabras, palabras, palabras

Todo tan del intelecto, tan bajo control…

Conozco tan bien quien soy y cómo pienso. Que no me entero de cuando llega. Dos frases cortas y una sonrisa.

(y esa mirada, claro)

KO

Así me quedo.

KO

Completamente fuera de control mientras mi cuerpo por cuenta propia decide que me pongo roja.  Bajo la mirada porque no puedo ni contener las pestañas y solo quiero desaparecer. Me podría haber desmayado tranquilamente.

Y entonces me doy cuenta de que ya me han preguntado tres veces que quiero de segundo plato, y que estoy haciendo demasiada atasco en la cola de la comida.

Cuando soy consciente de la sacudida me da la risa. De qué manera tan simple. Que tierna  forma de recordarme a mí, que me creo tan suprema, que la flojera, no se puede pensar. Que a veces las cosas van de abajo a arriba y no de arriba a abajo: cuando la periferia manda más que el sistema central.

La víscera es la víscera.

Y no es amor, es una sensación fuerte fuerte, pero me recuerda al Bamboleo cuando dice eso de que cuando llega así de esta manera, uno no tiene la culpa.

El descoloque. En pequeñas dosis, los médicos deberían prescribirlo de vez en cuando. O muy de vez en cuando, dependiendo de la tolerancia de cada cual.

First we take Manhattan y las certezas fuera de temporada.

Robert Doisneau
Robert Doisneau

Hay brillo en tus ojos. Me siento como en el programa ese en el que echaban agua helada por la cabeza de los famosos por una causa benéfica. Me entero hoy precisamente, cuando parece que hace siglos, hace toda una vida de esta historia. Algo me comienza a chillar que no capto las señales, me grita lo de la ensoñación perenne que va conmigo, lo de la superluna donde pasa sus días mi “aquí y ahora”. Resulta que fui yo. Soy yo (la que sigue aquí). Esa otra que no recuerdo y que nunca tuvo nombre. No me hablaste de la otra. Esa. La de la canción del Cigala. Con la que no te quedaste. Me vuelvo dulce solo de pensarlo. Sí recuerdo las confidencias de cuando la noche era más joven que nunca. Pero no a dos, no que hubiera otra, no que pudiera ser yo. Guardo bien los secretos porque los olvido, no recordaba que sé tantas cosas de ti. Ni imaginaba que no sabía lo más importante. De repente entiendo que siempre has estado ahí, con esa misma expresión cada vez que me ves. Miras otra vez y dices que he estado siempre. Y después de un cuarto de siglo despierto y entiendo: lo de estar ahí.