Cuando la emoción

Ana me regaló este Hopper en una libreta, y ahora no lo encuentro.
Ana me regaló este Hopper en una libreta, y ahora no lo encuentro.

Llega sin avisar.
Hay veces que te da unos sustos que te vuelve del revés.
Otras no.
Las sensaciones.
Estoy tan tranquila y ¡zas!
Los ejes corporales se han convertido en cuerda
y empiezan a tirar dentro de mi estómago en direcciones opuestas.
Debe ser la polaridad.
Busco un pensamiento para poder nombrar lo que está pasando
pero no se cómo se llama.
Podría llamarse yo estuve ahí,
de otra manera,
pero estuve ahí.
No lo recordaba
pero ahora vienen esas cuerdas a contarme lo que pasó.
Lo hacen tan fuerte que despierta.
Mientras me sigo relacionando ahí fuera
aparentando que nada ha explosionado por dentro.
Empieza una canción y me sumerjo en ella.
Las cuerdas se van.
Respiro.
Vuelvo.
Pienso divertida en semejante vaivén.
Entiendo que esa pieza también es importante
aunque no sepa donde encajarla.
Aunque estuviera por ahí ignorada en alguna parte.

Luna de miel

(…) Me gustaría ser otra persona
y
tener
nostalgia de mí mismo.

Alberto Pelegrín. Lacustre (petit poème d’espoir)
Robert and Shana ParkeHarrison. Suspensión
Robert and Shana ParkeHarrison. Suspensión

Al día siguiente todo era nube, de nebulosa.
Rosa no entendía bien lo que había pasado. O sí, lo entendía, pero no sabía como encajarlo. Resulta que aquel señor…se le antojaba ahora como un hombre atractivo, alto, de hombros rectos y redondeados: de esos que indican en un cuerpo que durante mucho tiempo atrás se ha llevado bien con el deporte. Mirada profunda e infinitamente serena. Profundo y sereno sí, e inteligente y muy divertido, de ese tipo de gente con la que merece la pena estar. Pero claro, había pasado toda la noche después del concierto con el cantante…pero, eso era normal? Sí, ella era una persona normal con lo que pensó que debía de ser normal. Claro, normal. Decidió que iba a ser normal… o no lo era?
No lo tenía muy claro… estaba un poco cansada de hombres. Acababa de tener dos novios (o al menos, así le gustaba llamarles a ella) Uno el de París y el otro el Polaco. El de París tenía ese nombre porque es allí donde Rosa terminó la relación. El Polaco le invitó a conocer Polonia durante una semana maravillosa que concluyó igualmente con el fin de la historia. También había tenido un no-novio: el Extremeño. Con el que vivió una intensa relación sin llegar ni tan siquiera a besarse. Así que Rosa no se veía muy por la labor de comenzar una tercera o cuarta relación por entonces con el hombre del micrófono.
Lo conocía, pero no lo conocía. Lo había conocido esa noche pero ya lo conocía de antes, pero era lo mismo? No, en realidad no lo conocía de nada. Ni él a ella.
Pero claro mientras duró, era lo mejor que le podía pasar.
Se despertó, con una resaca abominable….tanto baile y tanto Jagger no podía acabar de otra manera. Y pensó en una de sus firmes convicciones: “ de los bares, no puede salir nada bueno”
Sonó el teléfono, llegaba un mensaje de Ramón que ya estaba en otra ciudad diferente. Intercambiaron impresiones. Rosa se dio cuenta de que había hablado demasiado y de que no recordaba la mayoría de las confesiones a media noche. Horror.
Siguieron los mensajes, luego vinieron las redes sociales.
Aquellos mensajes eran pura miel para Rosa. Le evadían de todo lo que quería evadirse, incluso de ella misma. Excepto de aquello. Sabía tan dulce que anulaba el resto de los sentidos. Estaba empezando la época dorada de Rosa y Ramón.
Pronto llegaron las canciones a media noche, las conversaciones hasta altas horas de la madrugada, las buenas noches, los buenos días, el ¿estás bien?, las palabras bonitas, las fotografías, las buenas intenciones, los planes, el a mí no me gusta follar yo solo hago el amor, el voy a buscar un trabajo ceca de donde tú vives…. Rosa pensó que aquello se precipitaba demasiado y decidió frenar un poco. Pero mientras tanto Ramón le cantaba por el teléfono a la hora de dormir. Los dos querían gustarse el uno al otro. Tenían un deseo irrefrenable de comunicarse, de conocerse tal y como ellos creían que eran.
Ramón fue a buscarla, en unos días volvió a viajar a la ciudad donde se habían conocido. Allí se plantó. Cuando abrió la puerta Rosa encontró a un muchacho con una guitarra a su espalda y ojos brillantes. Un hombre inyectado en ilusión. Le pareció que aquella estampa era de lo más bonito que había visto en mucho tiempo.
Cuando se fue Ramón dejó una carta en la mesilla que decía: ojalá.
Fue la primera y última carta. Nunca hubo más cartas. Sí continuó la poesía…unos días más…dos meses quizás.
La poesía, las palabras.

La luz.
Las palabras son bonitas, te hacen soñar y creer en ellas y en el que las dice. Son palabras. Nada más. Las palabras nos despistan de la realidad, de lo que realmente está pasando, lo disfrazan todo.
Pero en aquel tiempo las palabras llenaban el corazón.
Poco a poco Rosa fue pasando del ponle freno al ojalá.

Apuntes de felicidad

Tore Yngve Johnson 1949
Tore Yngve Johnson 1949

Hoy ha sido el Congreso de la Felicidad. Pero no pudieron llamarlo así porque hay una patente registrada de la palabra. En el monte Turbón ya había una mina que se llamaba La Felicidad. Era en 1874, entonces no había refrescos enlatados, ni patentes, ni congresos de estos de ser feliz.
La felicidad como concepto no se puede patentar, ni comprar, ni pagar. Tampoco se puede aprender. Hay que vivirla.
Si me empeño en encontrar el concepto de felicidad probablemente nunca lo encontraré. Porque no sé lo que es.
Nadie lo sabe.
La felicidad tiene trillones de acepciones distintas.
Es como aprender a ir en bici. Te caes, te levantas, te vuelves a caer, te vuelves a levantar, pedaleas un poco más, te vuelves a caer, te levantas….y de repente: no te caes. Ya has aprendido. Pero no has tenido que estudiar cómo hacerlo.
Se trata de vivir.
Vivir mi (o la) inestabilidad, caminar con ella, con honestidad. Permitir la vida. Ser constante en mi inconstancia.
Reconocer las emociones.
No pasa nada por sentirme bien.
No pasa nada por sentirme mal. Sentir.
No debería tomarme la vida tan en serio.
No puedo saber quien soy si lo busco en lo que ha pasado, o en lo que está por venir. No veo que la solución está frente a mí. En este mismo momento. Tampoco puedo pretender que otro organice mi manual de instrucciones, que venga una segunda o una tercera persona al rescate. Mis instrucciones están en mí, no en el otro.
Sergi dice que nos da miedo ser honestos con nosotros mismos, porque si somos lo que queremos ser: la vida nos daría la vuelta.
O no.
También ha dicho que si no sabes amar sin conflicto no estás capacitado para decidir quién es tu pareja…pero hoy no voy a meterme por estos derroteros.
Sergi Torres me emociona.
He sido feliz en el congreso sin nombre.
Luego Belén nos ha preparado una zarzuela
Y hemos brindado con champagne.
Por dar las gracias.
Por nosotros.

Ayer fui a ver a Coque Malla,  como  la gente no callaba: apagó el micro y siguió cantando. Se hizo el silencio. ¡Chico listo!

Te lloré un año entero

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Celebramos la futura paternidad de Harry

en un jardín de Tokio.

Brindábamos sin mesura

cuando ella se acercó.

Contó que se ha separado

y que está loca por follar.

Entonces me acordé de cuando te dejé,

de cuando la tristeza,

de cuando te lloré un año entero.

Lo típico: un pueblo con mar, una noche, después de un concierto

Ten cuidado con lo que deseas…

El beso

Ella lo adoraba. Nunca pierde demasiado tiempo en temas musicales, pero con Ramón, se había tomado la molestia de leer algunas entrevistas, y hacer una pequeña búsqueda para saber que sí era él . Era él quien escribió aquellas letras que le habían hecho vibrar como ninguna. Una vez dijo que si le gustara lo seguiría a todas partes. Sin saber ni de lejos entonces que en unos meses sería así. Nunca pensó que podría gustarle. Le parecía un señor grande con pinta de pescador y voz desgarradora que escribía letras bonitas. Sin más.

Fue un viernes de finales de septiembre. Uno de esos días en los que hay que vencer la pereza para no quedarse en la cama con un libro al más puro estilo Elena Torralba. A pesar del frío y del día aburrido…decidieron ir al concierto. Había poca gente, lo vieron más delgado que la última vez. Fueron felices durante el tiempo que duró la música. Cuando te gusta este señor te gusta hasta cuando se equivoca.

Cuando terminó el concierto se quedaron tomando una copa. Rosa quiso comprar un disco y él se acercó. No fue como con el Príncipe, Ramón es encantador, de hecho: ella se quedó encantada. Le dió la tarjeta que había preparado y la devolución fue enorme. Tan grande como él. Sin saber cómo se encontró con aquel señor de las canciones románticas contándole su última historia de amor. Rosa siempre ha tenido debilidad por el corazón y los afectos, y el relato de ese hombre superaba cualquiera de sus propios temas. Debió de ser tremendo, incluso contó que se fue a vivir a otra ciudad para estar lejos de ella. A Lisboa, por ese tiempo vivía en Lisboa.

Hablaron sin parar, se convirtieron en confidentes. Siguieron hablando. Cantaron, bailaron, bebieron, rieron. Incluso cayó alguna foto. Hasta que él la besó. Todo se volvió ternura alrededor. Y se fueron juntos, de la mano, como dos enamorados.

Eran los días de Brenda: “Cuando alguien llegue a tu vida dale la bienvenida. Y cuando se vaya déjale marchar”

Ellos estaban de bienvenida.

Dicen que cuando él la vio

por primera vez

sonaba esta canción

 

Hay veces

Katherine

A veces sigo

a la deriva

aún sabiendo

una vez más

que tampoco esta vez

voy a hacer historia.